CUADERNO DE UN SUEÑO.

Primero fue una voz…..

Como un erial de labios agrietados bajo el sol implacable de la vida, – silencio y soledad sobre su herida -, se me agostaba el alma. Desangrados
los sueños por abrir, cualquier huida me retornaba al punto de partida,
los pasos, cada vez, mas desquiciados.

Así habría de ser, seguramente, cuando ya no se espera un nuevo día. Mas, sin saber de donde y de repente llegó tu voz a mi. Su melodía, se hizo lluvia de amor sobre mi frente y no quise morir…. Amanecía.

…luego,
hubo un rostro…

Esbelto y largo el cuello,
casi
tanto, tan largo,
como lo fue el 
deseo de sembrarlo de besos;
sensual la nariz, conocedora
de que,
por complacerla,
inventaron las flores sus aromas;
horizonte de fuego la
línea de la boca;
lago, los ojos, de aguas cristalinas
envueltas en un
aura misteriosa,
en las que, fatalmente,
dulcemente,
alenté a  naufragar a mi mirada…
Y una menuda
rosa,
asomada en el ámbar de tu brazo
que soñé, arrebatado,
que no
fuera otra cosa que una llamada urgente.

…y,
con el, la inquietud…

Un vuelco hacia delante, un paso atrás, mi corazón, busca en el tuyo abrigo y aunque febril, vacila, no consigo no acabar cada día, un poco mas prendido de su sueño que, quizás, debí dejar colgado en el postigo de mi puerta de buen y fiel amigo que responde al afecto que le das.
Pero detrás del alma, agazapada, vive la sangre que le da la vida y si el alma se entrega a una mirada ¿ como tener la sangre por la brida ? ¿ O habría de dejar, que, por la herida, el alma, se me escape, desangrada ?

****
¿ Que tiene tu palabra, que mi oído, con dulce pajareo ha enajenado ? ¿ Que misteriosa pócima has usado, que el pulso me acelera, enloquecido ? ¿ Porque, – da igual despierto que dormido -, mis brazos tiendo a ti, desarbolado, y, en su cruz, sin tu cuerpo, desolado toma lugar el verso dolorido.? Amas sentirte amada – lo presiento -. y juegas, femenina, al disparate de hacer, de este, mi amor, cometa al viento, sin reparar que el viento, en un embate, añicos pueda hacerla en un momento, y muera el corazón que en ella late.

…y, hasta los celos…

Celos dije, mujer… Si, dije celos…;

Mas, si no lo comprendes, dije nada,
desvía hacia otro lado la mirada

que yo daré prisión a mis anhelos.
Pero si al verte, abrieronse mis cielos,
y de su celda, el alma, liberada,
en la tuya encontró dulce
posada,
¿ como impedir sus alocados vuelos ?
¿ Como evitar, el aguijón
hiriente,
de verte, de otros sueños, perseguida ?
¿ Podría soportarlo,
indiferente,
quien siente en ti latir su propia vida?
¿ Es que puede el
amor ser diferente?
¿ O es que, mujer, no alcanzas su medida ?

… y
busque el equilibrio…

Bajo un cielo de estrellas apenas apuntadas,

con el corazón calmo, sosegada la mente,

quiero decirte algo: Tu sabes que, las hadas,

son benéficos seres,  que en vuelo refulgente,

hasta el corazón llegan del corazón a oscuras,

para poner en ellos su luz incandescente.

Tu sabes que el placer, no precisa locuras;

que pueden ser felices unos ojos que lloran

cuando el llanto es desagüe de gozo y dicha puras;

y que cuando en la tarde, los rayos del sol doran

las espigas mecidas como cabello al viento,

o vemos en los labios del surco,  como afloran

los brotes de la vida, nos gana el sentimiento

de detener las horas  en ese justo instante,

por miedo a que, mañana, la luz se haga lamento.

 

Tu, rosa imaginada, murmullo de agua errante,

has llegado a  mi noche, de amor deshabitada

desde un día que siento cada vez mas distante;

te has instalado en ella como lo haría un hada,

y a tu ensalmo, en la espiga, descubro su promesa,

feliz se  hace la lágrima y donde no hubo nada,

amanece un paisaje cuya emoción me apresa.

 

Por eso es, que esta noche, – en la palabra el alma -,

quería que supieras cuanto el alma me expresa;

como me gustaría que  amoroso y en calma,

ante tu luz, mi tiempo, se detuviese inerte

y como he decidido, que en mi sueño prendida,

tu también te detengas. Pues prefiero saberte

dentro de mi, soñada, que fuera, conocida,

a costa de la pena de no poder tenerte.

  … mas, fue inútil…

 

Ya que no puedo hacerte, a besos, mía, los transformare en versos en mi boca y los diré en tu oído, hasta que, loca, esclava, rindas, de su tiranía. No es justo que, en tu estela, noche y día, todo mi ser, advierta, se disloca, y que, sienta tu piel, en cuanto toca, falta de su calor, mi mano fría.
Acopiaré mi sangre y la constancia, para horadar con ellas tus cimientos hasta que pueda mas su consonancia que la cordura de los pensamientos que, cautelosos, marcan la distancia entre tus días calmos y mis vientos.

****
Me he dado por vencido del intento de alejarte de mi. Como la hiedra, anclada en cada poro de mi piedra, eres su perdición y su sustento. Tan abrazada estás, que hasta presiento como tu sangre, por mis venas, medra y, segura en su paso, no se arredra con mi impotencia ni mi sufrimiento. A tu merced estoy; como el madero que viene y va prendido de las olas, y a tu merced, rendido, solo quiero – ya en un único cuerpo, tu y yo a solas –
sentir, que en ese abrazo dulce y fiero con que mi piedra fundes, tu te inmolas.

… y
lo intenté, de nuevo…

A veces, visceral, mi pensamiento, en húmedas veredas se empecina, cuando, sobre el silencio, te imagina sometida a la furia de su viento. Mas, al punto, comprendo – y me arrepiento – que si hacia ti mi loco amor camina, en mi pluma y tu sueño se aglutina todo aquello que puedo, soy y siento.

Es, en fin, presunción enardecida, la de ignorar el mar que nos divide, pues siendo tu fulgor de amanecida y yo luz otoñal que se despide, solo mi corazón, puede y te pide que en tu sueño acompañes su partida.

… hasta que el sol salió,

       para mi duelo.

 Hoy no puede haber nadie mas triste, en
este mundo,
que quien llora estos versos, desde lo mas profundo
del
sentimiento amargo del envite perdido
al que apostó sus sueños, su vida y su
sentido.
Hoy, de golpe, las nubes que enturbiaban mi mente,
han dado
paso al sol. Y el sol me ha hecho evidente
el frágil armazón sobre el que la
locura
es capaz de asentarse, decidida y segura,
cuando detrás de aquel,
no existe contrapeso
que resistir permita la promesa de un beso;
cuando
es la soledad, el único equipaje
del que el hombre dispone para hacer su
viaje;
cuando al pulso, la sangre, todavía transmite
el rabioso deseo de
tomar un desquite
sobre las servidumbres por las que se desliza
y a
morir la condenan sin conocer la liza.

Debo al sol maldecir y de hecho
lo maldigo
por sacarme del sueño, donde preso, contigo,
disfrutaba
cadenas y grilletes de espuma,
sin sentir la prisión, que ahora, libre, me
abruma.
Pero una vez que he visto, tan claro, el horizonte,
no hay otra
alternativa. La barca de Caronte
me espera, para, en ella, derrotado y
sumiso,
vagar sin esperanza de hallar el Paraíso.

 

.ERNESTO