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ERNESTO_SOL_

-Manuel Cornejo González-

 

  

Yo me pongo triste:

Con esa tristeza que a la vez lleva alegría.

Yo me pongo triste y me apesadumbro mucho,

recordando el pasado que en una puesta de sol se fue de mí.

PASADO

Porque te fuiste de mí,

por que cambiaste mi ayer

por pasado me das hoy

y así engañaste a mi ser.

Me enredaste como a un niño

jamás te perdonaré.

Qué pena es llegar con tanta ligereza a donde no queremos,

y que pronto llegamos sin querer llegar.

PRISAS

Prisas por llegar, prisas por saber,

prisas por ser hombres, prisas por vencer,

prisas para morir de tanto correr. . .

Andar, caminar sin saber hasta donde finaliza

la meta ni donde debemos detenernos.

ANDAR Y ANDAR

Siempre andar, siempre dudando,

siempre con miedo a parar

sin ponernos a pensar

que el reposo está parando

y en esta vida no hay más

que es pasar e ir pasando.

Me pongo triste por lo que dejé, por aquellas

penas que hoy serían dulzor y gozos de toda mi vida.

De aquella penas sin penas

hoy cuantas penas querría

que no eran penas mis penas

las penas yo creía.

Hoy mis penas sí son penas

llenas de melancolía

que la sangre por mis venas

no es ya las que me corría,

tengo cuerpo y alma llenas

de otoños, de sangre fría.

Las primaveras de ayer

es mi vivir día a día.

Por todo me pongo triste, soy el espíritu de las tristezas.

Melancólico y esclavo de mi mismo soy teniéndolo todo.

TENIÉNDOLO TODO

Por todo me pongo triste,

voy arrastrando una soga

que a todas parte me sigue

como si fuera mi sombra.

La cuerda de lo pasado

mi recuerdo a todas horas.

Soy esclavo de mis recuerdos, de mis humildes amaneceres.

Soy esclavo del pasado,

de aquellos amaneceres,

de aquel niño enamorado,

de aquel beso de la niña

pura, sin ningún pecado.

Que timidez en su cara. . .

¡Ay! cuanto amor consagrado. . .

Que grandioso es para mí lo más

pequeño del ayer y que doloroso es a ver

visto pasar las verdes primaveras

creyendo que eran otoñales.

OTOÑOS NO CONOCÍA

 

Lo más pequeño de ayer

que a tan poco me sabía

son los recuerdos más bellos

que intacto llevo en la vida.

Todo el año primavera

otoños no conocía

con los mese florecientes

y con la tierra florida.

Canciones por todas parte

fiesta luz y poesía.

Que canciones llevaban las aves, que mensajes

de amor llevaba el ruido

del viento, que de noches sin dormir pensando,

pensando en aquellos ojos. Cuanta poesía llenaba mi corazón.

AQUELLOS OJOS

de un viejo y pobre poeta.

Pensando en su hermosura

pasaba la noche en vela

y luego cuando dormía

sueño, que sueña, que sueña

y así mirando a la noche

me escoltaban sus estrellas

dos ojos de fantasías

me convertía en poeta.

Y así pasaba la noche

en mis cortas primaveras

y estas letrillas de hoy

es todo lo que me queda.

Un recuerdo del pasado

Soy el espíritu encadenado al pasado.

Cuanto detestaba y me incomodaba

aquel infierno de pequeñeces, hoy para mí pura gloria.

FANDANGO

En tiempo de poca edad

siendo feliz yo sufría,

en tiempos de poca edad

la juventud que tenía

hoy que sufro de verdad

evoco como vivía.

Amarrado como un preso vivo las penurias de hoy con lo

contento del ayer. Bendito ayer. . . bendito ayer.

BENDITO AYER

Pensando en mi juventud

escrito queda el mensaje,

entre prosa y algunos versos

os muestro bienes y males.

Un laberinto de todo

que a todo mortal atañe,

con la juventud de ayer

y esta vejez imparable

que en el balcón del recuerdo

sueña tiempos cordiales.

Así quedó ya lo expuesto

malo o bueno, quien lo sabe

yo descargué con la musa

aquello que a mí me atañe,

dándole luz al pasado

que tanto alivio me trae

VOLVER AL AYER

Me gusta pensar,

dormirme pensando

y luego en la noche

soñar lo pensado,

volver a otros días

de espejos más claros.

Volver al ayer,

al viejo escenario

y vivir de nuevo

en aquel teatro

haciendo el papel

de los veinte años.

Me gusta sentirme

aunque sea soñando

el joven que en tiempo

gozaba de encanto,

girar mundo y vida

a tiempos dorados.

No me va el papel,

no se interpretarlo,

el papel que hoy

tengo en el reparto,

porque sufro mucho

haciendo el anciano.

Por eso me gusta

desandar lo andado

bajarle el telón

a penas y cansancio

y tenerlo arriba

con mis veinte años.

Ser siendo el galán

de aquel gran teatro.

EL JUEGO DE LA VIDA

La vida si no es un juego

es una pura mentira,

la verdad es carta blanca

y de utilidad vacía.

de faroles y de trampas

y en el tapete del mundo

hacemos nuestras jugadas,

el nacer es el comienzo

y el reparto de las cartas

y el final de la partida. . .

la repuesta está bien clara.

“Y comenzamos el juego:

y a esperar a ver que pasa”

Con los naipes que nos toque

la partida hay que ganarla,

cada cual juega la suya,

con su astucia y su artimaña,

y con la suerte a favor,

se van consiguiendo bazas,

pero también en segundos

el azar te da la espalda.

La suerte, siempre la suerte

y la astucia siempre al habla,

ni un descuido de piedad,

que la blandura se paga,

siempre con naipes de Judas,

cartas ladinas marcadas.

Con las espadas y el oro

siempre se ganan batallas

y en las copas nos bebemos

tragos de manos frustradas:

palo de pobreza el basto,

naipe siempre en la desgracia

desde iniciar la partida

hasta que el dolor te mata

y así muchos jugadores

llenos de miseria danzan

buscando a gritos justicia

en honestidades vanas.

Pero todos, todos, todos,

buscamos nuestras ganancias,

porque la vida, señores,

sin fortuna nunca es nada

y hay que darle su sabor

para poder soportarla.

La vida es muy conflictiva

con más reveses que gangas

y pierdes si mal te va

hasta la misma esperanza.

Las mentiras siempre en pie

de verdades disfrazadas

y desdichado de aquel

que no apueste con ventaja.

Nunca las buenas partidas

podrán ser eternizadas

ya que al final se termina

en las tinieblas lejanas,

cuando se remata el juego

y se rompe la baraja.

La vida sólo es un juego

breve y con muchas trampas

y hay que sentarse en la mesa

con las uñas afiladas

y arañar donde se pueda

para sacarle tajada.

Lo demás todo es mentira,

una verdadera farsa,

donde serás siempre víctima. . .

si no sabes bien jugarla.

Sevillanas

Qué pena que en primavera

estén mustios los trigales,

qué pena que las alondras

no trinen en los pinares.

Qué pena que nuestro amor

nuestra soberbia apagare,

qué pena que nuestros sueños

sólo durara un instante.

Qué pena que nuestro orgullo

quebrara nuestro romance,

qué pena que nuestra hoguera

muriera como la tarde.

Qué pena que el agua clara

las enturbien vendavales,

y todo nuestro cariño:

¡ Qué pena ! borrara el aire.

¿ Dónde está nuestro delirio ?

¿ qué quedó de nuestro amor ?

¿ dónde está nuestro delirio ?

que lleva pena hasta el río

y se muere de dolor.

CUANDO DE NIÑO DORMÍA

Cuando de niño dormía

con ser hombre yo soñaba,

tanto en mis sueños sufría,

que cuando yo despertaba

nunca soñar más quería.

A crecer yo me negaba,

a sufrir me resistía,

que entre mis sueños veía

la gran cruz que me esperaba

si en hombre me convertía.

AUTOR.
-Manuel Cornejo González-
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